bolo pasiego

Sigamos hablando de los pasiegos y sus costumbres.

El juego de vacas

El ganado pasiego casi siempre está estabulado. ¿Qué quiere decir esta palabreja? Que no duerme en el monte, no está totalmente suelto. Se le alimenta en cuadra, a la vez que se le saca a pastar. Como suelen ser vacas de leche, también se las encierra para su ordeño.

Ya, desde pequeños, los niños pasiegos comienzan a aprender lo que será su vida. Una de las formas, como es habitual en la infancia, es a través de los juegos y, en concreto, el «llamado juego de vacas». Los infantes cortan varios palos cuyo final, parte superior, como si para un tirachinas fuera, dejan dos extremos sobresaliendo hacia la izquierda y hacia la derecha. De este modo, como se puede observar en la fotografía, simulan el cuerpo y los cuernos de una vaca. O, mejor dicho, de muchas de ellas, toda una ganadería. Con piedras se limitaban los prados, o se hacían las cabañas. Según el tamaño del palo, este podia ser hembra o macho, cria o madre, el toro cubridor, la vaca preñada, la vaca ya madre, etc.

A veces, no se juega con palos si no son los propios niños quienes hacen, unos de pastores, otros de ganado, vacas y toros, otros de perros, guardianes, lobos.

El juego de bolos pasiego

Es una variante del juego que se practica en toda la cornisa cantábrica. La bolera  bolera es un rectángulo de 26 x 6 metros, dividido en tres zonas: la de mano, la de bolos y la de birle. El suelo puede ser de tierra o de cemento.

Los bolos son 9, de abedul, avellano o fresno, y se plantan en tres filas formando un cuadrado con una separación de 1,4 metros entre ellos. Los tres bolos de la fila o calle central están plantados, obligatoriamente, sobre un tablón (puede ser chapa metálica) de 6 metros de largo y 30 centímetros de ancho. Además, se utiliza otro bolo más pequeño llamado cuatro porque ese es su valor si es derribado con las condiciones que se marquen. El bolo del medio, derribado sólo, vale dos. Las bolas son de tipo agarradera o llave (una ranura para meter los cuatro dedos y un agujero para el pulgar) y su peso oscila entre los 3 y 6 Kg, con un diámetro máximo de 28 cm. El objetivo del juego es derribar bolos y el cuatro (lo que en Bolo Palma equivale al emboque) sumando los conseguidos en cada tirada, que se compone de dos lanzamientos, mano y birle. En el birle no se coloca el cuatro. (tomado de la web: https://maderadeser.com/promocion-cultura/modalidades/bolo-pasiego/)

Hay cuatro modalidaes agrupadas en dos: Modalidades de derribo (el objetivo del juego es derribar el mayor número de bolos): Bolo Palma y  Bolo Pasiego.

Modalidades de Pasabolo (el objetivo del juego es lanzar lejos los bolos, pasando las rayas, para adquirir mayor puntuación): Pasabolo Tablón y  Pasabolo Losa. (Otro día mencionaré más sobre el juego, pues aparece en otra novela, «Actor»)

La mujer pasiega como nodriza…..de la nobleza

Antes, una anécdota histórica. Desde el siglo XVII era normal por parte de la nobleza, cuando las duquesas, baronesas, condesas, princesas, reinas, etc, no podían, por el motivo que fuera, amamantar a sus, preferiblemente hijos, o hijas, acudir a madres, nodrizas externas. Pero es más adelante, en tiempos de Fernando VII, cuando el monarca solicité un ama de cría española para Isabel II, la hija que tuvo con su sobrina María Cristina (y que fue reina con tres años de edad). La encargada de la labor fue Francisca Ramón González, una cántabra de Peñacastillo que contaba entonces con 21 años. Contaba con una nodriza de retén, Josefa Falcones, de 19 años, de Torrelavega.

Ser nodriza en la corte no era cosa que cualquier mujer pudiera realizar, para ello: Debian tener entre 19 y 26 años, estar criando a su segundo o tercer hijo (desde hace menos de tres meses). Haber sido vacunadas y no haber criado, o estar criando, hijos ajenos. No padecer o haber padecido enfermedades en la piel (ella y su marido), u otras, cosa revisada por los médicos de la corte. La conducta moral era certificada por el párroco local.

Las «buenas» nodrizas adquirían un estatus, y, a su vuelta al pueblo, exhibían distinciones y joyas otorgadas por la nobleza en reconocimiento a su servicio.

La tradición de la nodriza pasiega dura hasta hace poco, siendo destacando:  María Gómez, ama de cría de Alfonso XII, Rosalia Sáinz, nodriza de Don Alfonso de Borbón (Príncipe de Asturias), o Constantina Cañizo, ama de cría de Don Juan, Conde de Barcelona

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